"El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados."
Nunca fui buena para expresarme, debe ser por eso que necesito escribir, porque me tomo mi tiempo para elegir cada palabra, cada significado. Debe ser porque me decepcionaron mucho cada vez que abrí mi corazón o me encariñe con alguien... esas cosas suelen pasar, ¿no? Bueno, pero el punto es que estoy acá, otra vez, acostada en mi cama, con la computadora y mis dedos recorriendo el teclado, divagando como siempre lo hago, con el fin de escribir algo "productivo", algo que valiera la pena leer. Pero no, cambié de idea. Eso también me caracteriza bastante, un poco bipolar y un poco ciclotímica. No voy a escribir ninguna crítica, ni sucesos, ni opiniones, ni nada parecido. Voy a escribir sobre un pensamiento que a menudo se me mezcla con ciertos sentimientos de los cuales, y debe ser por mi condición de inexpresiva y fría, no me siento tan orgullosa, porque me hacen sentir una inútil. A ver, tengo un libro. Si, un libro, muy lindo por cierto, que me lo regalo un amigo. Bueno, mi mejor amigo... ese amigo que es tan pero tan amigo y te conoce tanto que no podes evitar sentir algo por él. Ese libro contiene los discursos que cambiaron al mundo, y se lo regalo la madre un poco antes de morir. Y si, ahora lo tengo yo. Me lo dio antes de que se fuera a vivir afuera, en una bolsa roja, con un papelito que decía "Vos, en un futuro, vas a estar en este libro". ¿No es un poco paradójico? ¿Que alguien que te conozca tanto te de un libro así y te deje escrito una frase tan fuerte? Pero no importa, a mi me encantó que lo hiciera, aunque no tuve muchas oportunidades para decírselo  Me estoy desviando un poco del tema. El punto es que, la mayoría de las noches, antes de irme a dormir, agarro ese libro, lo abro en el índice, y con los ojos cerrados elijo un discurso, y lo leo como si fuera la primera vez que mis ojos se encuentran con el. ¿De qué estoy hablando? ¿Por qué estoy escribiendo sobre esto? Porque me intriga. Si, exactamente eso. Al cerrar el libro, doy trescientas mil vueltas en la cama de la intriga. Me da una mezcla de emociones bastante raras, un poco especiales. ¿Nunca les paso algo parecido? ¿Nunca iban caminando por la calle bajo la lluvia, pensando en algo que les daba intriga? ¿No se pusieron a pensar "que pasaría si..." o "que haría si..."? O mejor todavía, ¿nunca se pusieron a pensar "que es lo que me mueve hacer tal cosa o tal otra...", y no saber que contestarte? Da intriga. Esa misma intriga que a mi me da pensar, después de leer un discurso del libro, el porque yo un día voy a estar ahí, o mis palabras van a estar plasmadas en esas hojas remasterizadas, porque él piensa que yo voy a lograr convertirme en algo tan grade, de donde es que saca tanta confianza en mi que ni yo misma puedo tener, o tantas otras cuestiones más. No se puede negar bajo ningún punto de vista de que no se trata de un pensamiento personal, sin ningún tipo de productividad para nadie en este mundo. Es solo como una memoria. Si, tomémosla como una memoria personal, así sería mucho más sencillo. Ahora, ¿que sigue? Nada, apagar la computadora, cerrar los ojos, e intentar dormir mientras la cabeza maquina las mismas cuestiones que dejo planteadas en este texto, nada más ni nada menos. La intriga es como la curiosidad del científico, es el motor de grandes descubrimientos.