"El que no posee el don de maravillarse ni de entusiasmarse más le valdría estar muerto, porque sus ojos están cerrados."
-¿Puedes volver ha hacerlo?-inquirió. Le hice un mohín. -Es muy difícil. Aguardó con una expresión ávida. -La mas mínima distracción me impide aguantar. -Me portaré bien-prometió. Fruncí los labios y entroné los ojos, pero luego le sonreí. Aprete las manos sobre su cara una vez más y retiré el escudo de mi mente para dejarme ir de nuevo hasta los nítidos recuerdos de la primera noche de esta vida, demorándome en los detalles. Reía sin aliento cuando la urgencia de su beso interrumpió otra vez mis esfuerzos. -Maldita sea-refunfuñó mientras me besaba con ansia por debajo de la barbilla. -Tenemos todo el tiempo del mundo para perfeccionarlo- le recordé- -Por siempre y para siempre jamás- murmuró. -Eso me suena a gloría. Y entonces continuamos apurando con alegría esa pequeña pero perfecta fracción de nuestra eternidad.